Quizás una de las cosas que peor me gusten de esta vida sea perder la esperanza.
Esa situación en la que uno piensa que el reto ya no es posible, que la incapacidad por hacer o realizar un cosa se desvanece por momentos y que la circunstancia por la que se lucha está perdida.
Hay gente que cree que la esperanza es lo último que se pierde, que mientras haya vida hay esperanza, pero hemos de remontarnos a la realidad, decirle a esa gente tan optimista que no pueden estar con el mismo guión eternamente, que algún día se llevarán un desencuentro.
Pero no podemos obligarles a hacer aquello que no quieran.
Cada uno es dueño de su destino y decide qué hacer, cómo y donde según él o ella vea conveniente. Tienen todo el derecho del mundo, al igual que lo tenemos tú y yo, a pensar que es posible, a creer.
Según algunos esa es la forma de ganar. Y llevan un poco de razón, ya que en algunos casos, estar seguros de conseguir esa meta nos puede llevar a conseguirla. Aunque sea un poco complicado y desvaratado, pero si ponemos toda la fe del mundo y empeñamos nuestro esfuerzo en construir aquellos por lo que luchamos, dicen estas personas, se conseguirás las cosas más difíciles que podamos imaginar.
Por otro bando están los menos optimistas, aquellas personas más pesimistas que piensan que todo les va a salir mal, que la suerte nunca les estará de su lado. Éstos cavilan sobre un futuro incierto, en el que nunca obtendrán aquello que sueñan ni conseguirán sus metas, pues siempre mantendrán la cabeza baja y no se fijarán de lo increíble que tienen alrededor.
Dos tipos de personas.
Dos tipos de mantener una esperanza.
¿De qué lado estás?
Es tu elección
domingo, 17 de julio de 2011
jueves, 14 de julio de 2011
Critica a "2012" (Por Raúl)
Anoche, a eso de la una y media de la madrugada terminé de ver una película que me costó tres lunas para acabarla. 2012. Ese es el título de ese filme.
Y qué decir de la peli. Quizás todos penséis que es de un tipo documental, de estos que ilustran con efectos de ordenador lo que en un futuro muy cercano le puede pasar a nuestra raza, lo que le puede pasar a nuestro querido y enfermo planeta, de estos que tienen entrevistas con los más prestigiados científicos, de estos que predicen el fin del mundo, pero no, no es de ese tipo. Es pura película.
Nos centramos en el año 2009 de nuestra era, donde un desconocido científico de la India descubre unas anomalías en la superficie solar. Unas explosiones (las más grandes de la historia) que son capaces de cambiar la corteza terrestre... Dos años más tarde, Jackson Curtis, un escritor extresado por su trabajo tratará de salvar a su familia empezando un viaje que le llevará aun lugar del planeta Tierra donde verá la cura de sus problemas y, posiblemente, el lugar para salvar la vida de su familia....
Roland Emirech nos sumerge en el año 2012, donde un cataclismo mundial acabará con la raza humana. Caracterizada por sus grandes efectos de ordenador donde se vislumbran catástrofes como la destrucción de la ciudad de Los Ángeles y su elevado presupuesto (más de 200 millones de euros), 2012 es un fiel reflejo de sus antecesoras, como "El día de mañana", "La guerra de los mundos" o "El día de la independencia", películas apocalípticas que suponen la destrucción de la raza humana y nosotros tendremos que luchar por evitar dicho desastre. Películas apocalípticas donde nuestro planeta sufre un severo castigo debido a nuestro "mal comportamiento" con el, ya sea catástrofes naturales o por invasión alienígena.
Con 2012 Emerich nos trae una una con la que no despegarnos de la pantalla, entretenida, impactante y adictiva, aunque con un poco de exageración catastrófica en la cual nos hace caer en la equivocación cuando pensamos en lo que nos puede ocurrir, ya que se basa sólo en una predicción maya que apunta el fin de nuestra era el 21 de Diciembre del año que viene por la alineación de los planetas con el Sol. Este hecho hace que el núcleo de La Tierra se caliente demasiado, por lo que nuestra corteza terrestre se caliente también y se "deshaga", por así decirlo, y una serie de terremotos submarinos produzcan olas de 8000 metros de altura.
No nos debemos engañar en este aspecto, ya que las posibilidades de que ocurra esto o cualquier otra desgracia el año próximo se reducen más que considerablemente.
En conclusión, el director alemán nos trae un trabajo con el que estar un rato olvidados del mundo, y pegados a la pantalla para saber cual será el final del filme. Una vez más, un director nos muestra y nos propone examen de conciencia para saber si estamos tratando lo suficientemente bien a nuestro planeta.
Si sí o si no, sólo aclarar esa cuestión él es capaz de hacerlo...
Y qué decir de la peli. Quizás todos penséis que es de un tipo documental, de estos que ilustran con efectos de ordenador lo que en un futuro muy cercano le puede pasar a nuestra raza, lo que le puede pasar a nuestro querido y enfermo planeta, de estos que tienen entrevistas con los más prestigiados científicos, de estos que predicen el fin del mundo, pero no, no es de ese tipo. Es pura película.
Nos centramos en el año 2009 de nuestra era, donde un desconocido científico de la India descubre unas anomalías en la superficie solar. Unas explosiones (las más grandes de la historia) que son capaces de cambiar la corteza terrestre... Dos años más tarde, Jackson Curtis, un escritor extresado por su trabajo tratará de salvar a su familia empezando un viaje que le llevará aun lugar del planeta Tierra donde verá la cura de sus problemas y, posiblemente, el lugar para salvar la vida de su familia....
Roland Emirech nos sumerge en el año 2012, donde un cataclismo mundial acabará con la raza humana. Caracterizada por sus grandes efectos de ordenador donde se vislumbran catástrofes como la destrucción de la ciudad de Los Ángeles y su elevado presupuesto (más de 200 millones de euros), 2012 es un fiel reflejo de sus antecesoras, como "El día de mañana", "La guerra de los mundos" o "El día de la independencia", películas apocalípticas que suponen la destrucción de la raza humana y nosotros tendremos que luchar por evitar dicho desastre. Películas apocalípticas donde nuestro planeta sufre un severo castigo debido a nuestro "mal comportamiento" con el, ya sea catástrofes naturales o por invasión alienígena.
Con 2012 Emerich nos trae una una con la que no despegarnos de la pantalla, entretenida, impactante y adictiva, aunque con un poco de exageración catastrófica en la cual nos hace caer en la equivocación cuando pensamos en lo que nos puede ocurrir, ya que se basa sólo en una predicción maya que apunta el fin de nuestra era el 21 de Diciembre del año que viene por la alineación de los planetas con el Sol. Este hecho hace que el núcleo de La Tierra se caliente demasiado, por lo que nuestra corteza terrestre se caliente también y se "deshaga", por así decirlo, y una serie de terremotos submarinos produzcan olas de 8000 metros de altura.
No nos debemos engañar en este aspecto, ya que las posibilidades de que ocurra esto o cualquier otra desgracia el año próximo se reducen más que considerablemente.
En conclusión, el director alemán nos trae un trabajo con el que estar un rato olvidados del mundo, y pegados a la pantalla para saber cual será el final del filme. Una vez más, un director nos muestra y nos propone examen de conciencia para saber si estamos tratando lo suficientemente bien a nuestro planeta.
Si sí o si no, sólo aclarar esa cuestión él es capaz de hacerlo...
miércoles, 13 de julio de 2011
Suerte, de corazón (Por Nadia, dedicado a Belén)
Me ofrecí a llevarla en mi coche, no me importaba que el precio de la gasolina hubiese subido. Tan sólo quería la escusa de llevarla para pasar un poco más de tiempo a su lado.
Llegamos a la estación de autobuses antes de tiempo ya que el tráfico era escaso a esas horas de la mañana. Eran las ocho menos diez, aún lo recuerdo bien. Nos bajamos del coche, abrí el maletero y saqué las tres maletas. Ella se encargó de llevar dos; yo tan sólo pude coger una, no me dio otra opción.
Caminamos y entramos en una cafetería que había dentro de la estación. Yo la miraba y sabía con certeza que intentar disimular la pena y el dolor que reflejaban en esos instantes mis ojos oscuros sería imposible.
Ella me cogió de la mano sonriéndome, diciéndome que no iba a olvidarme jamás. Yo quería creerla, pero me dolía tanto que sus palabras no acababan de convencerme.
Sus ojos oscuros y grandes, su nariz pequeña y graciosa, su sentido del humor, su locura y sus ganas de vivir iban a desaparecer de mi vida, y yo tenía que hacerme a la idea.
Se iba. Se iba de la ciudad donde habíamos compartido nuestra infancia, posiblemente para no volver jamás. Pero tenía que irse a estudiar, debía continuar con su vida.
Yo me sentí egoísta, no quería perderla. No quería que desapareciese así, sin más. Pero yo sabía que era su destino, irse para estudiar una carrera en la cual triunfaría. También sabía que, un año más tarde, yo haría lo mismo. Pero era ella la que se iba primero.
Compartí tantos años de mi vida con ella, mi mejor amiga, que no podía hacerme a la idea de su marcha.
Las horas en la cafetería sirvieron para recordar viejos tiempos: resucitamos momentos indescriptibles, compartimos de nuevo esas risas que nos habían unido durante más de media vida, recordamos fiestas, viajes, frases que dijimos sin pensar. Por ello, las horas pasaron con mayor velocidad y su autobús llegó.
Metimos las maletas en el maletero del gran vehículo que me arrebataría a mi mejor amiga para siempre.
Tan vez viniera a visitarme en vacaciones, pero yo la quería todos los días de mi vida a sabiendas de que no podía ser así.
El conductor nos llamó la atención, pues no podíamos dejar de dedicarnos sencillas palabras. Las palabras más sencillas que dos personas pueden dedicarse. Las últimas palabras. Los últimos abrazos y besos en las mejillas mezclados con un salado sabor. El sabor de las lágrimas, aquellas que no pudimos aguantar.
En segundos, le dije lo mucho que la quería, le di las gracias por todo aquello que había hecho por mi. Le di las gracias por haberse quedado a mi lado bajo cualquier contexto. Le di las gracias, simplemente, por ser mi mejor amiga.
Le cogí de la mano, la presioné con fuerza y le deseé suerte de corazón. Ella sonrió, y me deseó exactamente lo mismo. Me soltó la mano, subiendo los peldaños del autobús. Con cada paso se llevaba los momentos más felices de mi vida, pero me alegré de que fuera así. Los mejores momentos de mi vida sólo podría conservarlos ella.
Se giró y me guiñó un ojo. Yo me eché hacia atrás, y las puertas del autobús se cerraron delante de mí.
No tardó en arrancar. El autobús desapareció, y con él mi sonrisa. Las lágrimas se hicieron más pesadas, pues estaba completamente sola. Ella se había ido, y entendí lo mucho que la quería. Lo mucho que ella había sido para mí. Tan sólo esperé que todo le fuese perfecto.
Sí, sabes que va por tí, Belén. Para cuando te vayas. Pero, realmente, seré feliz porque sé que tú lo serás también.
Posdata: Sólo vale soñar.
Llegamos a la estación de autobuses antes de tiempo ya que el tráfico era escaso a esas horas de la mañana. Eran las ocho menos diez, aún lo recuerdo bien. Nos bajamos del coche, abrí el maletero y saqué las tres maletas. Ella se encargó de llevar dos; yo tan sólo pude coger una, no me dio otra opción.
Caminamos y entramos en una cafetería que había dentro de la estación. Yo la miraba y sabía con certeza que intentar disimular la pena y el dolor que reflejaban en esos instantes mis ojos oscuros sería imposible.
Ella me cogió de la mano sonriéndome, diciéndome que no iba a olvidarme jamás. Yo quería creerla, pero me dolía tanto que sus palabras no acababan de convencerme.
Sus ojos oscuros y grandes, su nariz pequeña y graciosa, su sentido del humor, su locura y sus ganas de vivir iban a desaparecer de mi vida, y yo tenía que hacerme a la idea.
Se iba. Se iba de la ciudad donde habíamos compartido nuestra infancia, posiblemente para no volver jamás. Pero tenía que irse a estudiar, debía continuar con su vida.
Yo me sentí egoísta, no quería perderla. No quería que desapareciese así, sin más. Pero yo sabía que era su destino, irse para estudiar una carrera en la cual triunfaría. También sabía que, un año más tarde, yo haría lo mismo. Pero era ella la que se iba primero.
Compartí tantos años de mi vida con ella, mi mejor amiga, que no podía hacerme a la idea de su marcha.
Las horas en la cafetería sirvieron para recordar viejos tiempos: resucitamos momentos indescriptibles, compartimos de nuevo esas risas que nos habían unido durante más de media vida, recordamos fiestas, viajes, frases que dijimos sin pensar. Por ello, las horas pasaron con mayor velocidad y su autobús llegó.
Metimos las maletas en el maletero del gran vehículo que me arrebataría a mi mejor amiga para siempre.
Tan vez viniera a visitarme en vacaciones, pero yo la quería todos los días de mi vida a sabiendas de que no podía ser así.
El conductor nos llamó la atención, pues no podíamos dejar de dedicarnos sencillas palabras. Las palabras más sencillas que dos personas pueden dedicarse. Las últimas palabras. Los últimos abrazos y besos en las mejillas mezclados con un salado sabor. El sabor de las lágrimas, aquellas que no pudimos aguantar.
En segundos, le dije lo mucho que la quería, le di las gracias por todo aquello que había hecho por mi. Le di las gracias por haberse quedado a mi lado bajo cualquier contexto. Le di las gracias, simplemente, por ser mi mejor amiga.
Le cogí de la mano, la presioné con fuerza y le deseé suerte de corazón. Ella sonrió, y me deseó exactamente lo mismo. Me soltó la mano, subiendo los peldaños del autobús. Con cada paso se llevaba los momentos más felices de mi vida, pero me alegré de que fuera así. Los mejores momentos de mi vida sólo podría conservarlos ella.
Se giró y me guiñó un ojo. Yo me eché hacia atrás, y las puertas del autobús se cerraron delante de mí.
No tardó en arrancar. El autobús desapareció, y con él mi sonrisa. Las lágrimas se hicieron más pesadas, pues estaba completamente sola. Ella se había ido, y entendí lo mucho que la quería. Lo mucho que ella había sido para mí. Tan sólo esperé que todo le fuese perfecto.
Sí, sabes que va por tí, Belén. Para cuando te vayas. Pero, realmente, seré feliz porque sé que tú lo serás también.
Posdata: Sólo vale soñar.
martes, 12 de julio de 2011
Besos (Por Raúl)
Probablemente una de las cosas que más nos gusten a todas las personas sean los besos. Sí. Esas cosas (porque no encuentro otro nombre que darle) que se dan con los labios, la nariz, las orejas y con un montón de partes del cuerpo. Esas cosas que desatan pasión, desatan ternura, desatan alegría, desatan apoyo, desatan tristeza, desatan amistad, desatan noviazgos, desatan humanidad. Esas cosas que nos hacen falta en los momentos de más sufrimiento, cuando más necesitamos un apoyo. Esos momentos en los que la moral está por los suelos y uno no es capaz de recuperarse por sí mismo. En estas circunstancias tan dificiles son necesarios los besos. Quizás un beso no cure tu tristeza o depresión, pero será un gran apoyo para el futuro y te ayudará a recuperarte mejor que sin él. Porque un simple beso acompañado de un largo y apasionante abrazo lo necesitamos todos cuando las cosas no están del todo bien. Y entonces el llanto será nuestro gran aliado para desahogarnos. Una mezcla para superar la maldad: beso, abrazo y llanto.
Pero no sólo en los momentos que más duelen aparecen los besos. Siempre que ves a esa persona tan especial en tu vida deseas engancharlo o engancharla para acercar tus labios a su cara y regalarle ese beso tan especial para ti. Ese beso que lleva incrustada una ternura sin límites. Ese beso que es capaz de levantar una alegría tan inmensa que podríamos hacer felices a miles de millones de niños que lo están pasando demasiado mal. En aquellos momentos de la más grande de las alegrías los besos sientan como un respiro.
Besos,
Esas cosas que nos gustan tanto, donde se observan derroches de apoyo y alegría.
Besos.
Porque todos, alguna vez en nuestra vida, hemos necesitado algún beso.
Pero no sólo en los momentos que más duelen aparecen los besos. Siempre que ves a esa persona tan especial en tu vida deseas engancharlo o engancharla para acercar tus labios a su cara y regalarle ese beso tan especial para ti. Ese beso que lleva incrustada una ternura sin límites. Ese beso que es capaz de levantar una alegría tan inmensa que podríamos hacer felices a miles de millones de niños que lo están pasando demasiado mal. En aquellos momentos de la más grande de las alegrías los besos sientan como un respiro.
Besos,
Esas cosas que nos gustan tanto, donde se observan derroches de apoyo y alegría.
Besos.
Porque todos, alguna vez en nuestra vida, hemos necesitado algún beso.
lunes, 11 de julio de 2011
Un reflejo de la realidad. (Por Nadia)
Joana tenía unas fantásticas amigas, de esas que sabes que durarán eternamente, hasta que te demuestran lo contrario.
Pasaron años juntas, y llegaron más unidas que nunca al instituto. Con el paso de los días la relación se fortalecía más: ninguna salía de casa sin llamar a todas las demás; nadie era capaz de hacer planes sin tener en cuenta a las restantes..., eran, literalmente, hermanas.
El paso del tiempo trae cambios consigo. Cambios agradables, y cambios dolorosos, como la llegada de los hombres.
Cada una tenía a un chico fichado, por así decirlo, lo cual hacía las conversaciones más interesantes ya que el tema de los hombres no cesaba.
Salvo Joana.
Joana era una chica normal como todas las demás, pero pensaba que habían cosas más importantes por las que luchar a parte de los hombres, aunque charlaba divertidamente con sus amigas sobre éstos.
Pasaron meses, o quizá años, porque para ella fueron eternos, cuando empezó a suceder: la gripe se había propagado en el grupo.
Elena había empezado a salir con Lucas y apenas se la veía por la calle, aunque tampoco en su casa; Sara estaba tonteando exageradamente con Mario, por lo que su tema de conversación no era otro, y rara vez preguntaba por los asuntos de las demás; Mercedes había entablado una relación con Sergio, el matón del instituto, y a éste no le hacía mucha gracia ver a su novia con las demás, porque pensaba que eran una mala influencia para Mercedes. Ella no opuso resistencia y se quedó a su lado.
Joana se había quedado sola sin poder evitarlo. No sabía con quién hablar, a quién recurrir. No tenía ni idea de qué debía hacer en semejante hecho.
Así que se limitó a intentar revivir de nuevo esa preciosa amistad que un día todas compartieron. Fue un intento en vano, nadie mostró interés por recuperar aquellos lazos que, hace no tanto tiempo, parecían irrompibles.
Joana se sintió sola, despreciada, marginada.
No tenía ganas de salir de casa, ni de comer. Apenas hablaba con nadie. Se limitaba a ver pasar los minutos ante ella sin apenas pestañear.
Supongo que Joana se recuperó, quién sabe.
Sólo sé que, cuando una persona merece la pena, te lo demuestra, simplemente, con quedarse a tu lado en lo bueno y en lo malo.
Porque quedarse en los momentos divertidos y bonitos es muy fácil. Pero, ¿quién se queda en los malos?
PD: Solo vale soñar.
Pasaron años juntas, y llegaron más unidas que nunca al instituto. Con el paso de los días la relación se fortalecía más: ninguna salía de casa sin llamar a todas las demás; nadie era capaz de hacer planes sin tener en cuenta a las restantes..., eran, literalmente, hermanas.
El paso del tiempo trae cambios consigo. Cambios agradables, y cambios dolorosos, como la llegada de los hombres.
Cada una tenía a un chico fichado, por así decirlo, lo cual hacía las conversaciones más interesantes ya que el tema de los hombres no cesaba.
Salvo Joana.
Joana era una chica normal como todas las demás, pero pensaba que habían cosas más importantes por las que luchar a parte de los hombres, aunque charlaba divertidamente con sus amigas sobre éstos.
Pasaron meses, o quizá años, porque para ella fueron eternos, cuando empezó a suceder: la gripe se había propagado en el grupo.
Elena había empezado a salir con Lucas y apenas se la veía por la calle, aunque tampoco en su casa; Sara estaba tonteando exageradamente con Mario, por lo que su tema de conversación no era otro, y rara vez preguntaba por los asuntos de las demás; Mercedes había entablado una relación con Sergio, el matón del instituto, y a éste no le hacía mucha gracia ver a su novia con las demás, porque pensaba que eran una mala influencia para Mercedes. Ella no opuso resistencia y se quedó a su lado.
Joana se había quedado sola sin poder evitarlo. No sabía con quién hablar, a quién recurrir. No tenía ni idea de qué debía hacer en semejante hecho.
Así que se limitó a intentar revivir de nuevo esa preciosa amistad que un día todas compartieron. Fue un intento en vano, nadie mostró interés por recuperar aquellos lazos que, hace no tanto tiempo, parecían irrompibles.
Joana se sintió sola, despreciada, marginada.
No tenía ganas de salir de casa, ni de comer. Apenas hablaba con nadie. Se limitaba a ver pasar los minutos ante ella sin apenas pestañear.
Supongo que Joana se recuperó, quién sabe.
Sólo sé que, cuando una persona merece la pena, te lo demuestra, simplemente, con quedarse a tu lado en lo bueno y en lo malo.
Porque quedarse en los momentos divertidos y bonitos es muy fácil. Pero, ¿quién se queda en los malos?
PD: Solo vale soñar.
sábado, 9 de julio de 2011
Un brillo en la mirada. (Por Nadia)
En un mundo tan imperfecto e injusto como éste, es difícil encontrar a personas que intentan cambiarlo. Que se preocupan por mejorar, por ser todo lo contrario. Es complejo cruzarte con una, pero cuando lo haces...es imposible dejarla escapar.
Hay penurias, injusticias, muertes, horror, guerras, hambre, violencia. Llegamos a un punto en el que parece que nada cambiará jamás, que todo es triste. Que la vida es un bucle de tragedias mezcladas con infelicidades del cual no podremos salir nunca. Pero no es así.
Si no hubiesen malos momentos, tampoco habrían buenos, ¿no creen?
Y, de repente, llega sin avisar una persona que, aunque no sea capaz de cambiar el mundo, cambia tu vida.
Su simpatía te hace sonreír día tras día. Sólo deseas estar a su lado, porque sabes con certeza de que nada será malo si estás con él/ella.
El tiempo pasa con más rapidez cuando estáis juntos, todo te sonríe y, si algo va mal, sabes que intentará cambiar de cualquier modo tu más absurda preocupación para dibujarte una sonrisa en la cara. Eso te hace sentir especial, te hace sentir de una manera inexplicable, porque la sensación de estar sentada en una nube de algodón recorre todo tu cuerpo. Tan sólo una mirada suya, un roce, una palabra o incluso un gesto te tranquiliza.
Estar en los momentos felices es muy fácil. Es fácil disfrutar de ellos, pero¿quién es el que realmente se queda en los peores momentos de nuestras vidas? Exacto. Esa persona tan especial, tan importante en nuestra vida, estará allí bajo cualquier concepto. Aunque le resulte imposible, aunque para él/ella sea verdaderamente complicado, se quedará a nuestro lado las veinticuatro horas del día. No importan los días, jamás te replicará nada. ¿Por qué? Porque la gente humilde, la gente buena de corazón lo hace. Lo hace sin más. Sin importancia, sin interés. Lo hace, simplemente, para sentirse bien pero, sobre todo, para hacernos sentir bien a nosotros. Porque nada más importa.
Háganme caso. Cojan a esa persona de la mano con fuerza y no la dejen escapar jamás. Porque hay gente buena y gente mala, sólo hay que saber buscar. En realidad, sólo hay que saber ser una buena persona.
Ésas tienen un brillo en la mirada.
A todas aquellas personas que se preocupan más por la felicidad de la gente a la que quieren que por la suya propia; a todos aquellos que están a mi lado, día y noche, cuando estoy bien y cuando estoy mal; a todos los que me hacen sonreír sin motivo aparente; a todos los que me enseñaron a llorar también en los buenos momentos, a llorar de felicidad, de alegría; pero, sobretodo, a los que me han enseñado a amar por encima de cualquier otra cosa, con los que he aprendido a querer muchísimo más de lo que jamás había imaginado...les doy las gracias.
En especial, gracias a mis amigas y a mi cenutrio.
Hay penurias, injusticias, muertes, horror, guerras, hambre, violencia. Llegamos a un punto en el que parece que nada cambiará jamás, que todo es triste. Que la vida es un bucle de tragedias mezcladas con infelicidades del cual no podremos salir nunca. Pero no es así.
Si no hubiesen malos momentos, tampoco habrían buenos, ¿no creen?
Y, de repente, llega sin avisar una persona que, aunque no sea capaz de cambiar el mundo, cambia tu vida.
Su simpatía te hace sonreír día tras día. Sólo deseas estar a su lado, porque sabes con certeza de que nada será malo si estás con él/ella.
El tiempo pasa con más rapidez cuando estáis juntos, todo te sonríe y, si algo va mal, sabes que intentará cambiar de cualquier modo tu más absurda preocupación para dibujarte una sonrisa en la cara. Eso te hace sentir especial, te hace sentir de una manera inexplicable, porque la sensación de estar sentada en una nube de algodón recorre todo tu cuerpo. Tan sólo una mirada suya, un roce, una palabra o incluso un gesto te tranquiliza.
Estar en los momentos felices es muy fácil. Es fácil disfrutar de ellos, pero¿quién es el que realmente se queda en los peores momentos de nuestras vidas? Exacto. Esa persona tan especial, tan importante en nuestra vida, estará allí bajo cualquier concepto. Aunque le resulte imposible, aunque para él/ella sea verdaderamente complicado, se quedará a nuestro lado las veinticuatro horas del día. No importan los días, jamás te replicará nada. ¿Por qué? Porque la gente humilde, la gente buena de corazón lo hace. Lo hace sin más. Sin importancia, sin interés. Lo hace, simplemente, para sentirse bien pero, sobre todo, para hacernos sentir bien a nosotros. Porque nada más importa.
Háganme caso. Cojan a esa persona de la mano con fuerza y no la dejen escapar jamás. Porque hay gente buena y gente mala, sólo hay que saber buscar. En realidad, sólo hay que saber ser una buena persona.
Ésas tienen un brillo en la mirada.
A todas aquellas personas que se preocupan más por la felicidad de la gente a la que quieren que por la suya propia; a todos aquellos que están a mi lado, día y noche, cuando estoy bien y cuando estoy mal; a todos los que me hacen sonreír sin motivo aparente; a todos los que me enseñaron a llorar también en los buenos momentos, a llorar de felicidad, de alegría; pero, sobretodo, a los que me han enseñado a amar por encima de cualquier otra cosa, con los que he aprendido a querer muchísimo más de lo que jamás había imaginado...les doy las gracias.
En especial, gracias a mis amigas y a mi cenutrio.
jueves, 7 de julio de 2011
Sólo queda recordar... (Por Raúl)
¿Nunca habéis pensado en lo corta que puede llegar a ser una vida? Pensadlo. Pensar en el momento en el que llegasteis al mundo, aunque sólo sea al ver las fotos y videos de cuando érais pequeños y os divertíais al tan sólo observar una hormiga, jugar con el barro o meceros en el columpio. Pensad en vuestro primer cumpleaños. En el quinto, cuando recibisteis ese primer triciclo, muñeca o consola, lo que sea, con tal de ser felices. Pensad en vuestro primer examen, en vuestro primer amigo, la primera vez que tocasteis un balón, el primer beso, la primera caricia, el primer "te quiero", el primer llanto, vuestro primer disfraz, vuestro primer enfado, vuestro primer libro, vuestra primera película, vuestro primer sueldo, vuestro primer amor.
Ahora pensad y reflexionad: éstas son páginas ya pasadas del libro de la vida, que no volveremos a leer, aunque queramos. Sólo podremos recordad y pensad cómo eran, como han sido, pero no tendremos oportunidad de reabrir el libro por esas páginas. Ójala pudiéramos darle a rebovinar, y luego darle al play para poder revivir momentos felices, o retroceder para cambiar los malos. Pero no es posible. Hay que seguir leyendo. No hay tiempo que perder.
Y seguimos. Despacio. Sin prisa pero sin pausa. Hemos llegado a los capítulos amorosos. Aquellas miradas; aquellos besos; aquellas caricias; aquellos "te quiero"; aquellas agarraduras de mano; aquellos momentos con ella o él. Pero ya lo hemos leído. No podemos volver atrás. Sólo queda recordar. Seguimos leyendo.
Llegan los malos momentos. Aunque no nos guste seguir, hay que continuar leyendo. No podemos parar, viendo como una lágrima cae en la página y la curvatura de nuestros labios se mueve lentamente hacia abajo. Un deseo de no continuar nos envuelve, el sufrimiento aparece tras cada página. Pero no podemos parar.
Han pasado los momentos malos. Llegamos al ecuador del libro. Ves que una persona ahora vive junto a ti. Un acompañante está contigo, para lo bueno y para lo malo. Observas que llegó a tu vida cuando menos te lo esperabas, o puede que ya conocieses a esa persona desde hace tiempo. Lo importante es que ahora estáis juntos, que vives los mejores momentos de tu vida con ella. Más tarde, un nuevo compañero se os une. Es muy pequeño, pero increíble ya que vino al mundo hace muy poco. Poco a poco las páginas se van acabando...
Pero hay que seguir leyendo. No podemos parar.
Ves que tu pequeño acompañante se hace mayor. Ves que deja aquellos juegos de pelota para coger los de consola. Ves que cada día sale más. Ves cómo deja los juguetes para pensar en chicas/os. Y ves cómo decide, un día, irse. Dejas el trabajo, ya no es lo tuyo. En tu cara proliferan las arrugas de la madurez y tu cuerpo ya no es el mismo que en las primeras páginas cuando estaba preparado para aguantar ante la adversidad. Ya queda menos para el final...
Las últimas páginas están arrugadas y la soledad llama a tu puerta. Ves que tu primer acompañante, tras una vida junto a ti, te abandona. Un gran peso recae sobre ti. No esperabas este mazazo tan grande. No te lo crees. Ahora estas sólo. Pero hay que seguir leyendo. No puedes volver atrás.
El último capítulo se planta ante ti. Lees despacio, intentando aprovechar las últimas páginas, saborearlas; pero poco a poco llega el final y no puedes evitarlo. Tratas de apartar la vista, pero te ves incapaz; ya es tarde.
No puedes seguir leyendo. La luz se apaga...
Sólo queda recordar...
miércoles, 6 de julio de 2011
Hoy, hoy, hoy, hoy. (Por Nadia)
Hoy he estado paseando con mis amigas. Todo normal, la misma rutina de siempre. Algún intercambio de palabras, risas y bromas.
Pero hoy, en distintos lugares, han ocurrido demasiadas cosas. Han nacido niños: algunos, sanos; otros, enfermos, débiles o incluso han nacido muertos.
Hoy, algunas personas han empezado una vida juntos. Han empezado con ganas, deseosos de permanecer unidos para siempre. Han habido bodas, citas, paseos por el parque. También han habido divorcios, peleas. Hoy, muchísimas personas han decidido abandonar, romper para siempre con la relación establecida. Han habido lágrimas derramadas, llantos imposibles de consolar, odio.
Hoy han habido nacimientos, sí. Pero también muertes. Hoy, miles de personas han muerto víctimas de una enfermedad incurable. Víctimas del maltrato de género se han despedido hoy, y para siempre, de la vida que nosotros estamos disfrutando justo ahora. Personas armadas han acabado hoy con miles de vidas: en los campos de guerra, en atracos.
Hoy muchísima gente está disfrutando de la compañía y la amistad de personas que realmente sí merecen la pena. Pero hay, sin embargo, millones de personas que sufren acoso escolar, y guardan silencio intentando esquivar ese tormento que no les deja respirar con facilidad, prometiéndose que mañana será otro día, un día en el que todo será mucho más fácil, aunque saben con total certeza que no será así hasta que no alcen la voz.
Ahora mismo, muchas familias están desperdiciando comida y dinero. Son muchísimas las personas las que, hoy, no se preocupan por nada. La suerte y la fortuna sonríen a una multitud elevada, prometiéndoles la gloria asegurada en este mundo.
Por el contrario, son muchas más las que sufren, las que mueren de hambre. Las que luchan por encontrar algo mejor, algo digno. Las que pelean por llevarse un trozo de pan a la boca. Las que hacen lo imposible por alimentar a sus familias.
En este momento, es poca la gente que tiene trabajo y puede llevar un sueldo a casa, y mucha la que busca debajo de las piedras una oportunidad para salir de la oscuridad que les envuelve y amenaza con no irse jamás.
Hoy, millones de personas han salido a las carreteras en busca de su destino vacacional, pero no son todas las que han podido llegar. Hay también personas que han recibido con ilusión y afecto a un individuo de la familia que se quedará durante algunos días en casa. Otras, en cambio, han recibido una espantosa llamada: la persona a la que estaban esperando no llegará, y han tenido que dejarlo todo para ir al hospital, donde podrá salvarse o morir.
Hay niños que ríen de alegría y otros que lloran. Hay personas que se aman, y personas que se odian.
Hay felicidad, sonrisas, pero también hay guerras, hambre y sufrimiento. Hay banderas que nos separan, que forman líneas imaginarias, las cuales siempre señalizarán nuestra desigualdad. Hay hechos históricos que nadie puede ni podrá borrar, y nos recuerdan que el mundo no es justo. Nos recuerdan que está lleno de racismo, de guerras, de movimientos políticos innecesarios.
Pero, afortunadamente, también hay gente que lucha contra esto. Gente solidaria, gente que realmente cree que todos somos iguales, independientemente de nuestro color, raza o cultura. Gente que hace que el mundo sea un sitio un poco mejor, un poco más humanitario.
Hay llanto y risas; dolor y alegría; amor y desamor; nacimiento y muerte.
Hoy no ha pasado nada; sin embargo, ha pasado Todo.
Posdata: Sólo vale soñar.
Pero hoy, en distintos lugares, han ocurrido demasiadas cosas. Han nacido niños: algunos, sanos; otros, enfermos, débiles o incluso han nacido muertos.
Hoy, algunas personas han empezado una vida juntos. Han empezado con ganas, deseosos de permanecer unidos para siempre. Han habido bodas, citas, paseos por el parque. También han habido divorcios, peleas. Hoy, muchísimas personas han decidido abandonar, romper para siempre con la relación establecida. Han habido lágrimas derramadas, llantos imposibles de consolar, odio.
Hoy han habido nacimientos, sí. Pero también muertes. Hoy, miles de personas han muerto víctimas de una enfermedad incurable. Víctimas del maltrato de género se han despedido hoy, y para siempre, de la vida que nosotros estamos disfrutando justo ahora. Personas armadas han acabado hoy con miles de vidas: en los campos de guerra, en atracos.
Hoy muchísima gente está disfrutando de la compañía y la amistad de personas que realmente sí merecen la pena. Pero hay, sin embargo, millones de personas que sufren acoso escolar, y guardan silencio intentando esquivar ese tormento que no les deja respirar con facilidad, prometiéndose que mañana será otro día, un día en el que todo será mucho más fácil, aunque saben con total certeza que no será así hasta que no alcen la voz.
Ahora mismo, muchas familias están desperdiciando comida y dinero. Son muchísimas las personas las que, hoy, no se preocupan por nada. La suerte y la fortuna sonríen a una multitud elevada, prometiéndoles la gloria asegurada en este mundo.
Por el contrario, son muchas más las que sufren, las que mueren de hambre. Las que luchan por encontrar algo mejor, algo digno. Las que pelean por llevarse un trozo de pan a la boca. Las que hacen lo imposible por alimentar a sus familias.
En este momento, es poca la gente que tiene trabajo y puede llevar un sueldo a casa, y mucha la que busca debajo de las piedras una oportunidad para salir de la oscuridad que les envuelve y amenaza con no irse jamás.
Hoy, millones de personas han salido a las carreteras en busca de su destino vacacional, pero no son todas las que han podido llegar. Hay también personas que han recibido con ilusión y afecto a un individuo de la familia que se quedará durante algunos días en casa. Otras, en cambio, han recibido una espantosa llamada: la persona a la que estaban esperando no llegará, y han tenido que dejarlo todo para ir al hospital, donde podrá salvarse o morir.
Hay niños que ríen de alegría y otros que lloran. Hay personas que se aman, y personas que se odian.
Hay felicidad, sonrisas, pero también hay guerras, hambre y sufrimiento. Hay banderas que nos separan, que forman líneas imaginarias, las cuales siempre señalizarán nuestra desigualdad. Hay hechos históricos que nadie puede ni podrá borrar, y nos recuerdan que el mundo no es justo. Nos recuerdan que está lleno de racismo, de guerras, de movimientos políticos innecesarios.
Pero, afortunadamente, también hay gente que lucha contra esto. Gente solidaria, gente que realmente cree que todos somos iguales, independientemente de nuestro color, raza o cultura. Gente que hace que el mundo sea un sitio un poco mejor, un poco más humanitario.
Hay llanto y risas; dolor y alegría; amor y desamor; nacimiento y muerte.
Hoy no ha pasado nada; sin embargo, ha pasado Todo.
Posdata: Sólo vale soñar.
martes, 5 de julio de 2011
Un poco de motivación (Por Raúl)
Hoy dedicaré la que será mi sexta entrada de este blog a un tema que me atrae desde muy pequeño, la motivación. Ser capaces de hablar, de expresarte de tal forma que puedas hacer sentir a un grupo de personas que están a tu alrededor que una situación no está perdida, que nuestro cuerpo es capaz de sobreponerse ante las adversidades y golpear igual o más fuerte que lo ha hecho ese enemigo al que llamamos miedo.
Unas simples palabras pueden ser las causantes de poner en la mente de esas personas que están junto a ti unas ideas para tratar de cambiar el mundo, concienzarlas de que hay una salida ante la depresión o hacerles ver que siempre tendrán ayuda ante un problema y que muchas otras personas están en peor estado que ellas.
Un discurso siempre va de más a menos. Esa es la mejor forma de conseguir que esas personas que están delante de ti se den cuenta de lo que les hablas, de que se conciencien. Esas personas siempre empiezan esa charla como si no les interesase, como si el tema del que les fueran a hablar no fuese con ellos. Pero poco a poco se van dando cuenta de su error. El tema es mucho más interesante de lo que pensaban. Muchos de ellos se dan la vuelta hacia el locutor para oírlo detenidamente. Los murmullos que se oían al principio han desaparecido y en el aire hay un clima de tensión. De repente las caras se vuelven serias y ninguno de ellos habla. Están interesados. Y poco a poco el locutor va alzando el tono de su voz, y poco a poco las personas que le rodean le contestan con gritos de que es posible, Y lo que antes era seriedad ahora se convierte en alegría, en diversión. Como si ya estuviera preparad, los oyentes se callan y el personaje que da la charla realiza su última conclusión. Y acaba. Se levanta los aplausos, y con ellos esas personas que no se creen lo que acaban de vivir. Al terminar el discurso todo son felicitaciones al hablante.
Y ahí termina el discurso. Un discurso en el que las palabras y el locutor han sido capaces de cambiar las ideas de un grupo de personas que se van con aires renovados y dispuestos a afrontar una nueva etapa en su vida.
Y ésto es la motivación chicos. Un discurso en el que un señor se expresa de tal forma que hace que las personas que están pendientes de escucharle sean uno en la sala. Porque de eso se trata.
Hacer que varios seres humanos se den cuenta de lo que les diferencia de los animales: su humanidad.
Un discurso para soñar...
lunes, 4 de julio de 2011
Volveré pronto. (Por Nadia)
Carla coge las llaves y se las guarda sin cuidado alguno en el bolsillo de la chaqueta. Antes de salir por la puerta principal de su casa, se mira detenidamente en el espejo y se sonríe a sí misma. Abre la puerta emitiendo un sonoro ruido, y se despide de su madre.
-¡No vuelvas tarde!- le dice ella, preocupada- Y ten cuidado.
-¡Adiós mamá, volveré pronto!- le contesta, en un tono de voz despreocupado.
Baja las escaleras a trompicones, con ganas de respirar el aire de la ciudad. Ha quedado con sus amigos. Aún no sabe si irán a un bar cualquiera para beber y disfrutar de una noche más, o si decidirán coger las motos para visitar la ciudad de al lado. Realmente eso no le preocupa.
Llega a la plaza mayor un poco antes de lo acordado, y decide acercarse a un banco que parece estar colocado en ese lugar sólo para ella. Son unos escasos minutos los que pasan tras la aparición de Miguel, su novio.
Se saludan con un beso que desprende miles de sentimientos, y se sonríen. Intercambian unas palabras, y Miguel la convence para escaparse aunque ello conlleve el hecho de dejar plantados a los demás, pero nada les importa. No quieren nada más que perderse enmedio de cualquier lugar. Así que lo hacen.
Carla agarra con suavidad la mano de él, y echa a correr.
El frío aire les golpea en la cara, despeinándolos. Ríen sin parar de correr. La gente les observa de manera divertida, contempla cómo dos enamorados disfrutan de una noche que, para muchos de ellos, será una noche más. Una noche aburrida, triste o sin sentido. Una noche que tendrán que vivir obligadamente, les apetezca o no.
Miguel va perdiendo rapidez, y señala una moto gris con el dedo índice. Mira a su novia divertido, ofreciéndole un dulce paseo. Ella acepta divertida.
Se acercan al vehículo, y ella se monta sin parar de reír. Pero nota algo en él.
Cuando Miguel le ofrece su único casco, ella huele el olor que él desprende, intentando reconocerlo. No, no es exactamente su colonia. Es algo más, es una mezcla de su perfume y de...
Carla le mira sorprendida, devolviéndole el casco.
-¿Cómo vas a conducir? Has bebido.
Miguel le devuelve la mirada, sonriendo levemente.
-No he bebido. Sólo ha sido una cerveza.
-¿Sólo una?-Vuelve a acercarse a él, inhalando un desagradable olor- Yo creo que ha sido mucho más que eso.
-¿Piensas que me puedes controlar?-El tono de voz que Miguel emplea hace que a Carla se le cree un insoportable nudo en el estómago.-O vienes conmigo, o me voy sin tí.
-No puedes conducir así...
-¿No confías en mí? ¿Qué clase de relación es esta?-Miguel le quita el casco con brusquedad, mirándola con desprecio.- Si ya no confías en mí, lo mejor es que pires. Largo.
-Confío en tí, pero Miguel...
-Póntelo.
Carla le dedica una violenta mirada, pero se limita a emitir un indignado suspiro. No quiere pelear con él, y menos si está afectado por el alcohol, por mínimo que sea el efecto que éste le produzca. Poniéndose el casco, se agarra con fuerza a él.
Miguel arranca a una velocidad exagerada, y ella empieza a tener miedo. Lo peor está por llegar.
Él acelera cada vez más, la moto parece estallar. El sonido es casi insoportable, Carla siente que los tímpanos le explotarán en cualquier momento. Empieza a adelantar a cientos de coches; tantos, que ella pierde la cuenta.
Carla sabe que el pánico se está apoderando de ella, de su voz, de sus movimientos, de su cuerpo. Y, intentándolo de mil maneras diferentes, empieza a gritarle.
-¡Para, para! ¡Miguel, para la moto, eres un imbécil!- Le da golpes en la espalda, sin parar de gritar.-¡Vamos a matarnos, para!
Las lágrimas se apoderan de su rostro. La garganta le arde, le pica, pero no se da por vencida. Continúa gritándole, pero lo único que recibe son las incesantes carcajadas de Miguel.
Un poco después, todo pasa demasiado rápido.
Un coche de frente.
Un chirrido.
Un golpe casi ensordecedor.
Dos cuerpos cayendo al suelo.
Un casco desapareciendo en la oscuridad de la noche.
Una llamada que cambiará más de una vida:
"¿Es familiar de la víctima? Venga al hospital. Sí, un accidente de tráfico"
Una vez más, os diré que esto no es real. Pero tampoco ficción.
Miles de personas mueren día a día en nuestras carreteras, ya sea por hacer alguna que otra tontería o por un descuido.
Tan sólo me gustaría decir que, salir a la carretera, no es ningún juego. Hay que salir y, por tanto, hay que llegar a nuestro destino.
Estando en época de vacaciones, quiero aprovechar para decir a todos aquellos que se vayan de viaje o, simplemente, vayan a coger un vehículo, que tengan cuidado. Que esto no es ningún juego. Que cualquier descuido podría provocar el infierno más insufrible. Que pensemos en los miles de riesgos que podemos tener.
Pero, para mí, lo más importante es el hecho de una llamada. De esa maldita llamada que te cambia toda la vida. La llamada que informa de que alguien a quien tú quieres está en serio peligro. De hecho, esa llamada podría ser para algún familiar tuyo.
Por favor, nada de alcohol en las carreteras, nada de tonterías. Las tonterías podemos cometerlas fuera de un vehículo, pero nunca dentro.
¡PORQUE NO HAY NADA MÁS BONITO QUE APRECIAR UNA VIDA, Y DISFRUTARLA AL MÁXIMO, PERO CON CUIDADO!
Posdata: Sólo vale soñar.
-¡No vuelvas tarde!- le dice ella, preocupada- Y ten cuidado.
-¡Adiós mamá, volveré pronto!- le contesta, en un tono de voz despreocupado.
Baja las escaleras a trompicones, con ganas de respirar el aire de la ciudad. Ha quedado con sus amigos. Aún no sabe si irán a un bar cualquiera para beber y disfrutar de una noche más, o si decidirán coger las motos para visitar la ciudad de al lado. Realmente eso no le preocupa.
Llega a la plaza mayor un poco antes de lo acordado, y decide acercarse a un banco que parece estar colocado en ese lugar sólo para ella. Son unos escasos minutos los que pasan tras la aparición de Miguel, su novio.
Se saludan con un beso que desprende miles de sentimientos, y se sonríen. Intercambian unas palabras, y Miguel la convence para escaparse aunque ello conlleve el hecho de dejar plantados a los demás, pero nada les importa. No quieren nada más que perderse enmedio de cualquier lugar. Así que lo hacen.
Carla agarra con suavidad la mano de él, y echa a correr.
El frío aire les golpea en la cara, despeinándolos. Ríen sin parar de correr. La gente les observa de manera divertida, contempla cómo dos enamorados disfrutan de una noche que, para muchos de ellos, será una noche más. Una noche aburrida, triste o sin sentido. Una noche que tendrán que vivir obligadamente, les apetezca o no.
Miguel va perdiendo rapidez, y señala una moto gris con el dedo índice. Mira a su novia divertido, ofreciéndole un dulce paseo. Ella acepta divertida.
Se acercan al vehículo, y ella se monta sin parar de reír. Pero nota algo en él.
Cuando Miguel le ofrece su único casco, ella huele el olor que él desprende, intentando reconocerlo. No, no es exactamente su colonia. Es algo más, es una mezcla de su perfume y de...
Carla le mira sorprendida, devolviéndole el casco.
-¿Cómo vas a conducir? Has bebido.
Miguel le devuelve la mirada, sonriendo levemente.
-No he bebido. Sólo ha sido una cerveza.
-¿Sólo una?-Vuelve a acercarse a él, inhalando un desagradable olor- Yo creo que ha sido mucho más que eso.
-¿Piensas que me puedes controlar?-El tono de voz que Miguel emplea hace que a Carla se le cree un insoportable nudo en el estómago.-O vienes conmigo, o me voy sin tí.
-No puedes conducir así...
-¿No confías en mí? ¿Qué clase de relación es esta?-Miguel le quita el casco con brusquedad, mirándola con desprecio.- Si ya no confías en mí, lo mejor es que pires. Largo.
-Confío en tí, pero Miguel...
-Póntelo.
Carla le dedica una violenta mirada, pero se limita a emitir un indignado suspiro. No quiere pelear con él, y menos si está afectado por el alcohol, por mínimo que sea el efecto que éste le produzca. Poniéndose el casco, se agarra con fuerza a él.
Miguel arranca a una velocidad exagerada, y ella empieza a tener miedo. Lo peor está por llegar.
Él acelera cada vez más, la moto parece estallar. El sonido es casi insoportable, Carla siente que los tímpanos le explotarán en cualquier momento. Empieza a adelantar a cientos de coches; tantos, que ella pierde la cuenta.
Carla sabe que el pánico se está apoderando de ella, de su voz, de sus movimientos, de su cuerpo. Y, intentándolo de mil maneras diferentes, empieza a gritarle.
-¡Para, para! ¡Miguel, para la moto, eres un imbécil!- Le da golpes en la espalda, sin parar de gritar.-¡Vamos a matarnos, para!
Las lágrimas se apoderan de su rostro. La garganta le arde, le pica, pero no se da por vencida. Continúa gritándole, pero lo único que recibe son las incesantes carcajadas de Miguel.
Un poco después, todo pasa demasiado rápido.
Un coche de frente.
Un chirrido.
Un golpe casi ensordecedor.
Dos cuerpos cayendo al suelo.
Un casco desapareciendo en la oscuridad de la noche.
Una llamada que cambiará más de una vida:
"¿Es familiar de la víctima? Venga al hospital. Sí, un accidente de tráfico"
Una vez más, os diré que esto no es real. Pero tampoco ficción.
Miles de personas mueren día a día en nuestras carreteras, ya sea por hacer alguna que otra tontería o por un descuido.
Tan sólo me gustaría decir que, salir a la carretera, no es ningún juego. Hay que salir y, por tanto, hay que llegar a nuestro destino.
Estando en época de vacaciones, quiero aprovechar para decir a todos aquellos que se vayan de viaje o, simplemente, vayan a coger un vehículo, que tengan cuidado. Que esto no es ningún juego. Que cualquier descuido podría provocar el infierno más insufrible. Que pensemos en los miles de riesgos que podemos tener.
Pero, para mí, lo más importante es el hecho de una llamada. De esa maldita llamada que te cambia toda la vida. La llamada que informa de que alguien a quien tú quieres está en serio peligro. De hecho, esa llamada podría ser para algún familiar tuyo.
Por favor, nada de alcohol en las carreteras, nada de tonterías. Las tonterías podemos cometerlas fuera de un vehículo, pero nunca dentro.
¡PORQUE NO HAY NADA MÁS BONITO QUE APRECIAR UNA VIDA, Y DISFRUTARLA AL MÁXIMO, PERO CON CUIDADO!
Posdata: Sólo vale soñar.
sábado, 2 de julio de 2011
Amor, la palabra más preciada (por Raúl)
Jueves. 15: 35 de la tarde. Acabo de llegar del instituto. Faltan dos semanas para acabar el curso. Llamo al timbre de mi casa y me contesta mi madre. Me abre. Llego a mi hogar y la saludo con un beso en la mejilla. Me dirijo a mi habitación y pongo la mochila en la esquina de mi habitación. Encuentro a mi hermana en el ordenador, por lo que la dejo sola. Me siento en el sillón y observo la televisión, pero sin mirarla. Una duda me envuelve por dentro desde hace unos días. Cuando me dispongo a planteármela, oigo la voz de mi madre que nos avisa que la comida está lista. La cocina nos espera para poder deleitarnos con los alimentos. Como distante, en un mundo que no es el mío. Termino el primero. No he comido nada, por lo que mi madre me pregunta si me pasa algo. Yo le digo que no, que únicamente es que no tengo hambre. Dejo la cocina para adentrarme en el pasillo y, posteriormente, a mi habitación. Cierro la puerta y me siento en la silla. El ordenador ya está enchufado, así que pongo mi contraseña y accedo a mi cuenta de usuario. Voy directo a poner música. La música. Con ella es con la que mejor pienso y me da el más acertado consejo de lo que debo hacer. Ahora sí. Pienso...
"A ver Raúl, cuanto hace que la conoces, dos años o por ahí, ¿no? Sí. Pero es que no se... últimamente la veo tan cariñosa conmigo, y claro, yo le sigo la corriente. Creo que le estoy empezando a coger cariño. Yo le busco, pero es que ella hace excactamente lo mismo, ella trata de hablarme, y trato de contestarle... no se lo que hacer, estoy muy indeciso.... A ver, cuando llega la hora de que sentemos juntos en clase, me pongo feliz, no se, esa hora es la mejor para mí. Cuando estoy a su lado y me pongo a charlar con ella sobre que tal le han ido los exámenes de ayer o de esta misma mañana, o de lo loca que está la profesora de inglés, el tiempo se me pasa volando, como si no me enterase. Puede que me esté empezando a gustar, o no se, simplemente sea que le he cogido cariño, o nada, puede que no sienta nada por ella,no... si que sientes algo por ella Raúl, no seas tonto, joder. Pero lo que no se es que si ella siente algo por mí, porque es que a veces ella quiere estar conmigo, me hace cosas para que no la ignore, pero otras está muy seria, demasiada, está como distante... le quiero hacer ver que ella es algo más en mi vida, tienes que lanzarte Raúl, no tendrás todo el tiempo del mundo... el año que viene ella se irá por letras... tu te quedarás en ciencias... algo tendré que hacer. Tranquilo aún te quedan dos semanas. Ya, pero el tiempo se pasa muy rápido, y no quiero cometer los errores del pasado. Es que cuando estoy con ella me lo paso tan bien, es increíble que alguien pueda fijarse tanto en mí... y es que encima es tan simpática, es tan agradable, me habla tan bien, me trata de lo mejor, siempre acepta mi ayuda, y yo siempre se la ofrezco, es tan graciosa, y tan loca... jaja,...Raúl...., no se lo que hacer, creo definitivamente siento algo por ella....Raúl..., pero y si me lanzo y me rechaza, tengo miedo a eso, a que no me haya elegido a mí...Raúl...., puff, dios mio, mi cabeza...¡¡RAÚL!!"
Es mi madre, que me estaba llamando. Yo estaba enbovado, demasiado quizás. Ella viene a regañarme porque no le contestaba. Le digo que lo siento. Mientras yo, sigo pensando en lo mío...
"A ver Raúl, cuanto hace que la conoces, dos años o por ahí, ¿no? Sí. Pero es que no se... últimamente la veo tan cariñosa conmigo, y claro, yo le sigo la corriente. Creo que le estoy empezando a coger cariño. Yo le busco, pero es que ella hace excactamente lo mismo, ella trata de hablarme, y trato de contestarle... no se lo que hacer, estoy muy indeciso.... A ver, cuando llega la hora de que sentemos juntos en clase, me pongo feliz, no se, esa hora es la mejor para mí. Cuando estoy a su lado y me pongo a charlar con ella sobre que tal le han ido los exámenes de ayer o de esta misma mañana, o de lo loca que está la profesora de inglés, el tiempo se me pasa volando, como si no me enterase. Puede que me esté empezando a gustar, o no se, simplemente sea que le he cogido cariño, o nada, puede que no sienta nada por ella,no... si que sientes algo por ella Raúl, no seas tonto, joder. Pero lo que no se es que si ella siente algo por mí, porque es que a veces ella quiere estar conmigo, me hace cosas para que no la ignore, pero otras está muy seria, demasiada, está como distante... le quiero hacer ver que ella es algo más en mi vida, tienes que lanzarte Raúl, no tendrás todo el tiempo del mundo... el año que viene ella se irá por letras... tu te quedarás en ciencias... algo tendré que hacer. Tranquilo aún te quedan dos semanas. Ya, pero el tiempo se pasa muy rápido, y no quiero cometer los errores del pasado. Es que cuando estoy con ella me lo paso tan bien, es increíble que alguien pueda fijarse tanto en mí... y es que encima es tan simpática, es tan agradable, me habla tan bien, me trata de lo mejor, siempre acepta mi ayuda, y yo siempre se la ofrezco, es tan graciosa, y tan loca... jaja,...Raúl...., no se lo que hacer, creo definitivamente siento algo por ella....Raúl..., pero y si me lanzo y me rechaza, tengo miedo a eso, a que no me haya elegido a mí...Raúl...., puff, dios mio, mi cabeza...¡¡RAÚL!!"
Es mi madre, que me estaba llamando. Yo estaba enbovado, demasiado quizás. Ella viene a regañarme porque no le contestaba. Le digo que lo siento. Mientras yo, sigo pensando en lo mío...
viernes, 1 de julio de 2011
Ánimo. (Por Nadia)
MI HIJO ES UN ABSOLUTO DESCONOCIDO PARA MÍ.
Hijo mío, soy Pedro: tu padre.
No sé muy bien qué edad tendrás cuando tu madre te enseñe esta carta, supongo que serás mayor y valiente, como ella. Porque el mundo no te ha dado otra opción, tu obligación era nacer, y ser valiente. Jamás has recibido un abrazo de un padre y no sabes cuánto lo siento. El cáncer es más fuerte que yo y, en este preciso momento, me está arrebatando la vida. A duras penas logro escribir estos renglones.
Ahora mismo es de noche, y la luz de la luna me ayuda a escribirte estas líneas. Todavía no has nacido, y dudo que pueda llegar a verte. Aunque lo consiga, no me quedaré durante mucho tiempo. Tú no sabrás quién soy. No sabrás que soy tu padre, que te quiero. Lo más seguro es que jamás me llegues a echar de menos porque nunca llegarás a conocerme. Es curioso: yo ya he empezado a quererte y a echarte de menos al mismo tiempo.
Ver a tu madre es lo único que logra hacerme sonreír, porque sé que tú estás dentro de ella, deseando salir al exterior. Deberías ver a tu madre, está preciosa. El embarazo le ha devuelto la sonrisa, y le ha devuelto el color primaveral a sus dulces mejillas. Ella está siendo fuerte. Intenta hacerse a la idea de que, tarde o temprano, tendrá que hacerle frente al mundo sola, porque sabe que dentro de unos meses, o tal vez días, ya no estaré a su lado. Sabe que me rendiré, que me dejaré acunar por los fríos brazo de la muerte.
Me iré, pero jamás os abandonaré. Siempre cuidaré de vosotros desde la distancia, porque no importa dónde esté: siempre me tendréis cerca.
Hijo, yo me he cansado de luchar. Me he rendido ante el cáncer. No me culpes, por favor. Esta enfermedad me está torturando, es insufrible. He tenido mala suerte, para mí ya es demasiado tarde. De nada me sirve volver a alzar las armas, de nada sirve que alce la voz ni tampoco me ayudaría quejarme de lo injusta que ha sido la vida conmigo. No tengo ni fe ni esperanza.
Prométeme, en cambio, que tú sí que lucharás, que serás fuerte. Prométeme que te protegerás, y protegerás a mamá como yo lo estaré haciendo hasta el final de mis días.
Sé que, aunque hayas sufrido mi ausencia, serás feliz. Sólo quiero saber que tendrás una vida perfecta pero, sobretodo, que no dejarás de sonreír jamás.
Por último, quiero que sepas que lo daría absolutamente todo con tal de pasar un solo segundo de mi vida a tu lado.
Sé feliz. Te quiero.
No. Esta carta no es real, es sólo ficción mía. Pero desgraciadamente sí es una carta verosímil, que podría existir perfectamente.
Con esto tan sólo quiero intentar llegar a todas aquellas personas que hoy, en estos mismos instantes, están luchando entre la vida y la muerte, y a las que están alrededor, sufriendo.
Las enfermedades son injustas e imprevisibles. Te quitan lentamente a cualquier ser querido, nunca esperas que ocurra, pero ocurre. Aparecen sin avisar, aparecen sin más. Actúan y apenas nos dan tiempo a reaccionar.
Los días pasan a una lentitud insoportable. Llegas a pensar que todo está perdido, que la enfermedad ganará la batalla y que se llevará consigo a esa persona, o incluso a tí. Ya sea el cáncer u otra enfermedad, cambia una vida por completo. Y no sólo una. Hoy en día, cambian millones de vidas en todo el mundo.
No podemos escondernos de ellas, es imposible conseguirlo.
Ahora bien, mi mensaje es éste:
No llores, no te quedes ahí parado. No puedes rendirte, debes luchar por todo aquello que te pertenece. Lucha por tu felicidad, lucha porque tu sonrisa no desaparezca jamás, ni en la más oscura tormenta deberá perderse. Lucha por tu vida, por la vida que consideras perdida...Debes saber que aún la tienes en tus manos y, aunque hayan imperfecciones que no puedas arreglar, siempre habrá una manera para seguir adelante. Acepta la ayuda, no te apartes de nada ni de nadie, porque no estás solo. No importa si la persona que tiene esa horrible enfermedad eres tú, o alguien importante para tí: Debes parar de llorar. Debes dar un paso hacia delante. Debes disfrutar al máximo de la vida, porque, aunque parezca injusto o incluso infantil, no hay más que una. Hay que vivir, y si la vida decide llenar tu camino de baches, coge impulso para saltarlos y dejarlos atrás. Ánimo, de corazón.
Posdata: Sólo vale soñar.
Hijo mío, soy Pedro: tu padre.
No sé muy bien qué edad tendrás cuando tu madre te enseñe esta carta, supongo que serás mayor y valiente, como ella. Porque el mundo no te ha dado otra opción, tu obligación era nacer, y ser valiente. Jamás has recibido un abrazo de un padre y no sabes cuánto lo siento. El cáncer es más fuerte que yo y, en este preciso momento, me está arrebatando la vida. A duras penas logro escribir estos renglones.
Ahora mismo es de noche, y la luz de la luna me ayuda a escribirte estas líneas. Todavía no has nacido, y dudo que pueda llegar a verte. Aunque lo consiga, no me quedaré durante mucho tiempo. Tú no sabrás quién soy. No sabrás que soy tu padre, que te quiero. Lo más seguro es que jamás me llegues a echar de menos porque nunca llegarás a conocerme. Es curioso: yo ya he empezado a quererte y a echarte de menos al mismo tiempo.
Ver a tu madre es lo único que logra hacerme sonreír, porque sé que tú estás dentro de ella, deseando salir al exterior. Deberías ver a tu madre, está preciosa. El embarazo le ha devuelto la sonrisa, y le ha devuelto el color primaveral a sus dulces mejillas. Ella está siendo fuerte. Intenta hacerse a la idea de que, tarde o temprano, tendrá que hacerle frente al mundo sola, porque sabe que dentro de unos meses, o tal vez días, ya no estaré a su lado. Sabe que me rendiré, que me dejaré acunar por los fríos brazo de la muerte.
Me iré, pero jamás os abandonaré. Siempre cuidaré de vosotros desde la distancia, porque no importa dónde esté: siempre me tendréis cerca.
Hijo, yo me he cansado de luchar. Me he rendido ante el cáncer. No me culpes, por favor. Esta enfermedad me está torturando, es insufrible. He tenido mala suerte, para mí ya es demasiado tarde. De nada me sirve volver a alzar las armas, de nada sirve que alce la voz ni tampoco me ayudaría quejarme de lo injusta que ha sido la vida conmigo. No tengo ni fe ni esperanza.
Prométeme, en cambio, que tú sí que lucharás, que serás fuerte. Prométeme que te protegerás, y protegerás a mamá como yo lo estaré haciendo hasta el final de mis días.
Sé que, aunque hayas sufrido mi ausencia, serás feliz. Sólo quiero saber que tendrás una vida perfecta pero, sobretodo, que no dejarás de sonreír jamás.
Por último, quiero que sepas que lo daría absolutamente todo con tal de pasar un solo segundo de mi vida a tu lado.
Sé feliz. Te quiero.
No. Esta carta no es real, es sólo ficción mía. Pero desgraciadamente sí es una carta verosímil, que podría existir perfectamente.
Con esto tan sólo quiero intentar llegar a todas aquellas personas que hoy, en estos mismos instantes, están luchando entre la vida y la muerte, y a las que están alrededor, sufriendo.
Las enfermedades son injustas e imprevisibles. Te quitan lentamente a cualquier ser querido, nunca esperas que ocurra, pero ocurre. Aparecen sin avisar, aparecen sin más. Actúan y apenas nos dan tiempo a reaccionar.
Los días pasan a una lentitud insoportable. Llegas a pensar que todo está perdido, que la enfermedad ganará la batalla y que se llevará consigo a esa persona, o incluso a tí. Ya sea el cáncer u otra enfermedad, cambia una vida por completo. Y no sólo una. Hoy en día, cambian millones de vidas en todo el mundo.
No podemos escondernos de ellas, es imposible conseguirlo.
Ahora bien, mi mensaje es éste:
No llores, no te quedes ahí parado. No puedes rendirte, debes luchar por todo aquello que te pertenece. Lucha por tu felicidad, lucha porque tu sonrisa no desaparezca jamás, ni en la más oscura tormenta deberá perderse. Lucha por tu vida, por la vida que consideras perdida...Debes saber que aún la tienes en tus manos y, aunque hayan imperfecciones que no puedas arreglar, siempre habrá una manera para seguir adelante. Acepta la ayuda, no te apartes de nada ni de nadie, porque no estás solo. No importa si la persona que tiene esa horrible enfermedad eres tú, o alguien importante para tí: Debes parar de llorar. Debes dar un paso hacia delante. Debes disfrutar al máximo de la vida, porque, aunque parezca injusto o incluso infantil, no hay más que una. Hay que vivir, y si la vida decide llenar tu camino de baches, coge impulso para saltarlos y dejarlos atrás. Ánimo, de corazón.
Posdata: Sólo vale soñar.
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